Se lanzó en Colombia un cigarrillo que no produce humo y al
parecer reduce 90 por ciento el riesgo para su salud. De qué se trata esta
tendencia.
En el mundo hay aproximadamente 1.000 millones de fumadores,
de los cuales mueren al año 5 millones. Más de 600.000 no fuman pero están
expuestos al humo ajeno. Por eso desde hace una década la industria tabacalera
investiga en productos menos nocivos. Algunos han desarrollado los cigarrillos
electrónicos pero otros han propuesto dispositivos totalmente diferentes. Es el
caso de iQOS, desarrollado por Phillip
Morris Internacional (PMI) que en lugar
de quemar el tabaco lo calienta y por lo tanto no genera humo ni ceniza sino un
vapor cuando el consumidor lo inhala.
Colombia es el primer país en Latinoamérica y uno de los 20
en el mundo que vende este producto. Según datos de PMI, cerca de 1,4 millones
de fumadores de cigarrillos ya se han cambiado a iQOS desde que se lanzó su
piloto en Nagoya, Japón y en Milán, Italia, en 2014.
El producto, cuya investigación tuvo un costo de 3.000
millones de dólares, consta de un dispositivo electrónico con un mecanismo para
controlar la temperatura a la cual se calienta el tabaco. Las unidades de
tabaco, llamadas HEETS, son hechas especialmente para este producto y en lugar
de tabaco molido como el que se ve en un cigarrillo convencional tiene una
cinta de tabaco enrollado que al ser calentada a temperaturas controladas,
muy por debajo de los niveles de combustión, produce menor toxicidad.
La tendencia de la industria es formar un portafolio más
amplio con productos menos nocivos y así reemplazar al cigarrillo tradicional.
“Ese es el futuro. Los productos de tabaco y nicotina libres de humo permitirán
sustituir el cigarrillo”, dice Humberto Mora, vicepresidente de PMI en Colombia.
Agrega que la gente cada vez es más
consciente del carácter nocivo de fumar gracias a las campañas y a las
regulaciones legales. Pero “se ha encontrado que de los fumadores que quieren
dejar de fumar solo el 5 por ciento lo logra y ahí es donde esta sustitución es
una posibilidad atractiva”, señala Mora.
La compañía tabacalera asegura que al solo calentarse, este
producto servirá para que los fumadores disminuyan entre 90 y 95 por ciento la
cantidad de toxinas y componentes nocivos que se producen durante la combustión
de los cigarrillos, muchos de ellos asociados a enfermedades del corazón y al
cáncer. Además genera menos olor que los cigarrillos convencionales, no provoca
ahogo, aumento de la presión arterial ni afecta la calidad del aire en los espacios
interiores. Así lo demuestran, según sus voceros, los ensayos e investigaciones
hechas por más de 430 científicos durante varios años.
Pero la industria tabacalera tiene muchos retos adelante.
Uno de ellos es convencer a las autoridades de la evidencia que han mostrado
sus estudios. En otros países activistas como Deborah Arnott, jefe de Action on
Smoking and Health (Ash) han señalado que debe haber fuertes regulaciones hacia
estos dispositivos porque al fin y al cabo están hechos por compañías tabacaleras.
“Necesitamos evidencia científica de fuentes independientes que sostengan
cualquier anuncio de la industria tabacalera”, concluye Arnott.
Mora admite que hay mucho recelo de la información que
produce la industria. “Por eso la idea
es que un organismo independiente y las universidades corroboren esa
información y que la conozcan los reguladores y el público”, dice. PMI sometió
a la FDA toda la información científica en diciembre de 2016 para productos de
tabaco de riesgo modificado y se espera un pronunciamiento de la entidad este
año.
También esperan una reglamentación diferente a la de los
productos de tabaco porque consideran que no pueden estar bajo la misma
categoría. “Eso sería un error porque son totalmente distintas. Es la
combustión la que genera 8000 tóxicos y estos producen un vapor por lo que
tienen el potencial de reducir el daño”, explica Mora.
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